Como ya dije anteriormente, estoy en un lugar sin internet y además con un montón de cosas que hacer, por lo que decidí reciclar un trabajo que encontré de la universidad. Lo hice para un ramo llamado “Sociología de la música” por el año 2011 [justo en el año de las movilizaciones, por lo que no vimos todo lo que teníamos que ver :’(]. Justo el semestre anterior a este ramo había tomado el curso de etnomusicología, donde me habían hecho leer a John Blacking, un etnomusicólogo que me enseño una valiosa lección de que no podemos juzgar a la música simplemente por nuestros gustos [en su caso por la música occidental]. Este libro es la razón principal de querer abrir mi mente a otros estilos y este ensayo fue mi primer intento de entender el reggaeton [jhajhajha me obsesionaba el tema desde ese entonces]. No es el mejor libro de etnomusicólogía del mundo, además es súper viejo (el original se público en 1976), pero si les interesa el tema, es un muy buen comienzo. Acá se los dejo, voy a releerlo, así si ven unos comentarios que no suenan muy académicos son de mi yo actual.
Introducción
La música suscita grandes prejuicios cuando no es de nuestro agrado. Las personas suelen descalificar y quitarle importancia a música que no comprenden. Algo que se aprende en las ciencias sociales es que toda situación tiene su propia realidad y contexto, por lo que al cerrarnos a conocerlos, ponemos una pared que nos impide aprender sobre lo desconocido. Por eso en este ensayo he querido trabajar la teoría propuesta por John Blacking en su texto ¿Hay música en el hombre? (2006, original 1976), que proporciona herramientas para el análisis de la música por parte de científicos sociales. Su trabajo se centra principalmente en etnomusicología, no obstante puede ser usado productivamente en todas las ciencias sociales. Señala como se puede tener diferentes puntos de vistas para la música y puntualiza que no debemos centrarnos exclusivamente en las perspectivas de nuestra sociedad.
Desarrollo
Una de las principales cuestiones que señala Blacking en su texto, es que la música no se puede entender como una cosa en sí misma y que toda la música puede considerarse popular. Llegó a esta conclusión al trabajar durante dos años entre los venda, una sociedad rural africana (venda del norte transversal en Sudáfrica) donde estudió el desarrollo y expresión de la aptitud musical de sus miembros y notó que la música era muy importante en sus vidas. Por lo tanto, concluye que el uso de diferentes técnicas y estilos musicales significan una complejidad sólo aparente, que nada dice sobre la expresión, el poder o la organización intelectual implicada para la creación de la música.
La música no tiene reglas arbitrarias, tiene en cambio, mucho sentimiento y experiencia en la sociedad. La música se constituye a través del cuerpo humano y en la interacción entre ellos. La invención de la nota, aunque es importante en la generación de estructura, sólo expresa diferencias de grado y no la diferencia de naturaleza entre la música “culta” y “popular” [Dato social freak: hablar de música “culta” o de lo “culto” está mal empleado, ya que todo es cultura por lo que toda representación social sería técnicamente “culta”].
Un estudio social puede proporcionar un mejor análisis de los sistemas musicales que un estudio de sus patrones de sonido por sí solos. Esto no quiere decir que dicho análisis no sirva, sino que el estudio social tendrá un nivel mayor de precisión. La etnomusicología debe estudiar la música concebida en un sistema dado que interactúa con otros sistemas de relaciones, no sólo el estudio de la música en la cultura: “Debemos reconocer que ningún estilo musical tiene «sus propios términos»; sus términos son los de su sociedad y su cultura, así como los de los cuerpos de los seres humanos que lo escuchan, crean e interpretan” (Blanking, 2006, p. 55).
El autor manifiesta que es probable que nunca se sepa exactamente cómo siente una pieza de música otra persona, pero se puede comprender los factores estructurales que generan tales sentimientos. Por otra parte, se puede alcanzar una comprensión transcultural, que podría darse cuando nos acercamos a la interpretación del creador de la música a través de experiencia corporal (a través del cuerpo). Aunque, como las experiencias también son personales a pesar de que se comparta una cultura, jamás será exactamente igual.
Al vivir con los venda, el autor comprendió que: “… la música constituye una parte indisociable del desarrollo de la mente, del cuerpo y de unas relaciones sociales armoniosas” (Blacking, 2006, p. 26). Menciona que un hombre en África es capaz de ejecutar y escuchar la música de manera inteligente, aunque no esté escrita. Lo que hace reflexionar sobre la música en su propio contexto.
Blacking propone que no se debe tomar a la música europea o clásica como la única que es de verdad música, pues las pruebas «objetivas» con las que se intenta medir o mostrar el conocimiento musical le restan importancia al contexto cultural y al desarrollo de las capacidades sensoriales. La discriminación sensorial puede depender de la cultura, pues se desarrolla en esta, lo que implica que puedan no distinguirse algunos intervalos musicales. En occidente se puede ver la música como una experiencia competitiva más que cooperativa y compartida.
La complejidad musical puede ser irrelevante; puede significar simplemente una extensión de vocabulario y por ello es sólo superficial. Al oyente parece importarle más la eficacia funcional de la música que la «complejidad» que esta tiene. El no usar métodos más complejos no quiere decir que la música sea algún modo «menos evolucionada».
Blacking asegura que no hay que tener una visión evolucionista de la música, como algunos etnomusicólogos, que intentan rellenar los huecos de la historia de la música (labor en sí misma no reprochable, pero incompleta, ya que no es lo único que falta). No hay que ver la música como estados evolutivos, pues cada música tiene su propia historia y su estado actual es sólo un momento de su propio desarrollo. Son estadios que pudieron haber ido por cualquier otro camino, no es preciso que haya sólo uno. Un ejemplo que da Blacking de esto consiste en la aplicación que se les hizo a los venda, considerados personas musicales, del test de Seashore, donde los resultados fueron muy bajos. Esto se explica porque el test estaba basado en pautas occidentales. De ahí se desprende una nueva perspectiva sobre la música: “En las discusiones sobre la aptitud musicales se pasa por alto con demasiada frecuencia la importancia de la escucha creativa, cuando es tan fundamental para la música como lo es para el lenguaje” (Blacking, 2006, p. 37). Una canción sencilla o popular puede tener más valor humano que una sinfonía.
Lo que provoca la música en el humano son respuestas en el cuerpo que no se pueden explicar sin ver la cultura. Una misma pieza musical puede emocionar de formas distintas a distintos oyentes, a causa de lo que esta significa en términos de experiencia humana: “La música puede expresar actitudes sociales y procesos cognitivos, pero es útil y eficaz sólo cuando es escuchada por oídos preparados y receptivos de personas que han compartido, o pueden compartir de alguna manera, las experiencias culturales e individuales de sus creadores” (Blacking, 2006, p. 103).
Blacking asegura que la música confirma lo presente en la sociedad y la cultura: “La música no es un lenguaje que describa cómo es en apariencia la sociedad, sino una expresión metafórica de sentimientos asociados con el modo en que realmente es. Es un reflejo de –y una respuesta a– fuerzas sociales, particularmente a las consecuencias de la división social del trabajo” (Blackin, 2006, p. 161).
Además, asegura que la música no puede cambiar a la sociedad, más bien confirma las situaciones existentes, lo que llevaría a pensamientos que afecten a la humanidad, positiva o negativamente, o sea, la música refuerza y expresa [es una representación social, por eso digo que más que «odiar» cierto tipo de música hay que buscar el por qué existe ese tipo de música].
No se puede saber cuán músico es el hombre hasta que no se sepa cuáles son los rasgos del comportamiento humanos singulares a la música, si acaso estos existen. Puede ser que la misma cultura haga florecer o detenga el talento musical, con más influencia que cualquier aptitud individual que parezca facilitarlo. Una sola interpretación no es la misma en toda la música, nuestra realidad social (contexto cultural) no nos permite interpretar de la misma manera. Por eso hay que saber quién escucha, quién toca, quién canta y por qué. Ver la sociedad en que están insertos todos los actores, así las sociedades diferentes “… pueden compararse sin referencia alguna a las formas superficiales de la música” (Blacking, 2006, p. 63).
Entonces, hay que tener en cuenta que: “Cada compositor tiene un sistema cognitivo básico que imprime su sello en sus principales obras, al margen de las agrupaciones para las que fueron escritas. Dicho sistema incluye toda actividad cerebral y experiencias culturales, así como sus actividades sociales, intelectuales y musicales. Una descripción precisa y exhaustiva del sistema cognitivo de un compositor proporcionará, por tanto, la explicación más fundamental y poderosa de los patrones que adopta su música. De modo similar, los estilos musicales vigentes en una sociedad dada serán plenamente entendidos como expresión de procesos cognitivos que pueden observarse, también, en la formación de otras estructuras. Cuando sepamos de qué manera intervienen tales procesos en la producción de los patrones de sonidos que las diferentes sociedades llaman música, estaremos en una mejor posición para valorar cuán músico es el hombre” (Blacking, 2006, pp. 54 y 55).
Así, el autor afirma que: “Los análisis funcionales de la estructura musical no pueden separarse de los análisis estructurales de su función social […] la etnomusicología no es sólo un área de estudio que se ocupa de la música exótica, ni una musicología de lo étnico: es una disciplina que ofrece la esperanza de comprensión más profunda de toda música” (Blacking, 2006, p. 62).
Entonces, en base a lo escrito anteriormente, el autor hace otra propuesta: que la música es algo exclusivo de nuestra especie, algo heredado genéticamente y presente en todos los humanos: “No pretendo que las culturas en sí mismas sean algo genéticamente heredado, sino que son generadas mediante procesos que se adquieren biológicamente y se desarrollan por medio de la interacción social” (Blacking, 2006, p. 173).
La sociedad (hablando de la occidental en el caso del autor) limita el saber musical como si sólo algunas personas fueran musicales, sin embargo se comporta como si todas las personas tuvieran la capacidad básica de escuchar y distinguir entre los patrones de sonido, porque la verdad, es que la música se encuentra en todas partes, ya tanto sea en un ascensor o como música de fondo en una película, siempre se busca que provoque algo. O sea, se asume que la música es una forma de comunicación que en determinados contextos puede evocar emociones. Se dice que la música no es para todos, pero la vida diaria muestra que la música se expresa en casi todo momento de la vida humana. La diferencia entre la música europea y la demás es simplemente la expresión de aspectos de organización humana o percepciones humanamente condicionadas de organización “natural”.
Por lo tanto la música puede ser una aptitud musical que se hereda biológicamente, pero, también, se ha mostrado que factores sociales desempeñan un papel muy importante y que estos pueden dar un empuje social, aunque también un empuje individual: «El valor de la música en sociedad y sus efectos diferenciales sobre las personas pueden ser factores esenciales en el crecimiento o la atrofia de las aptitudes musicales, y el interés de los individuos puede radicar menos en la música en sí misma que en las actividades sociales que la acompañan. Por otro lado, sin cierta motivación extramusical tal vez nunca se desarrolle» (Blacking, 2006, p. 78).
Ahora, basado en su experiencia, el autor también propone que en todas las sociedades la música es un sonido humanamente organizado: “En la medida en que la música es una tradición cultural susceptible de compartirse y transmitirse, no puede existir a no ser que al menos algunos seres humanos hayan desarrollado una capacidad para la escucha estructurada. La ejecución musical, como algo diferenciado de la mera producción de ruido, es inconcebible sin una percepción de orden en el sonido” (Blacking, 2006, p. 38).
Esto se ve reflejado en el hecho de que aunque para una sociedad la música de otra sociedad puede ser sólo ruido, la sociedad que según el externo sólo hace ruido, hace un sonido armónico para esa sociedad, mientras otras cosas serán consideradas como ruido. Es decir, todas las culturas distinguen entre música y ruido, aunque no sea la misma percepción. Razón por lo que Blacking también afirma que antes de surgir la música, en la mente humana hay alguna percepción de orden sonoro, que puede ser innata, aprendida o ambas: “A cierto nivel de análisis, todo comportamiento musical se halla estructurado, ya sea por procesos biológicos, psicológicos, sociológico, culturales o puramente musicales. Es tarea del etnomusicólogo identificar todos los procesos relevantes para una explicación del sonido musical” (Blacking, 2006, p. 45).
En la etnomusicología: “… que las cosas musicales no son siempre estrictamente musicales, y que la expresión de relaciones tonales en patrones de sonido puede resultar secundaria respecto a las relaciones extramusicales que representan las notas. Podemos estar de acuerdo en que la música es sonido organizado en patrones aceptados socialmente; que la actividad musical puede contemplarse como una forma aprendida de conducta; y que los estilos musicales se basan en aquello que los seres humanos han decidido tomar de la naturaleza como parte de su expresión cultural, más que en aquello que la propia naturaleza les ha impuesto. Pero la naturaleza de la que el hombre extrae sus estilos musicales no es externa a él. Incluye su propia naturaleza, sus capacidades psicofísicas y las maneras en que dichas capacidades han sido estructuradas por sus experiencias con personas y cosas, las cuales forman parte del proceso adaptativo de la maduración cultural” (Blacking, 2006, pp. 55 y 56).
Con respecto a su trabajo con los venda, Blacking señala que mostraron poco interés y poca aptitud por los sonidos y técnicas de la música europea. Esto puede explicarse por razones técnicas o políticas. En el primer caso, porque en África la música europea es difundida por misioneros y escuelas de manera aburrida, además que no se ha tenido contacto con fuentes originales del lenguaje, que tal ves podría ser transmitido mejor por músicos. Los “expertos” blancos dicen que el sentimiento y la expresión es más importante que la precisión, cosa que es ajena para los venda porque la precisión es algo esperado y el sentimiento se da por sentado. En el segundo caso, se debe a algo bastante obvio; la represión europea de la que son objeto, donde la negación de la música es una forma de negación a la represión europea: “La reacción general a la música europea está en constancia con la función de la música en su sociedad y debe verse como un fenómeno tanto sociológico como musical” (Blacking, 2006, p. 70). Aquí se demuestra claramente cómo la música puede llegar a tener grandes significados en una sociedad, donde no se considera sólo un hobby. Hay que tener en cuenta que “Los venda aprenden y comprenden el sonido de la música de la misma manera que entienden el habla” (Blacking, 2006, p. 71).
Los venda utilizan la música con significados sociales y políticos: “… la música venda se distingue de lo que no es música por la creación de un mundo especial de tiempo. La principal función de la música consiste en implicar a la gente en experiencias compartidas dentro del marco de su experiencia cultural” (Blacking, 2006, p. 84).
Por lo tanto, la música venda sería una señal o un signo de acontecimientos sociales: «Es tentador definir las funciones utilitarias de la música venda como aquellas en que los efectos de la música son incidentales respecto al impacto de la situación social, y como artísticas aquellas en las cuales la música en sí misma es el factor crucial de la experiencia […] Lo que sucede es que ellos valoran el proceso mismo de hacer música, tanto como […] el producto acabado. Pienso que el valor de la música se encuentra en las experiencias humanas involucradas en su creación. Existe una diferencia entre aquella música que es ocasional y aquella otra que incrementa la conciencia humana, una música sencillamente para tener y otra para ser. Admito que la primera puede ser resultado del buen oficio; pero sólo la segunda es arte, no importa cuán simple o compleja suene, ni bajo qué circunstancias se haya producido» (Blacking, 2006, p. 87).
Las percepciones venda acerca de la música no son aleatorias: “… las reglas de la música venda no son arbitrarias como las reglas de un juego. Para crear música venda hay que ser venda, haber compartido la vida social y cultural vende desde la primera infancia” (Blacking, 2006, p. 153).
Creo que la resistencia política se puede enlazar con el trabajo de Balandier (1986). Este autor sostiene que lo político es inherente a toda sociedad y que tiene relación con todos los aspectos de ésta. Respecto a la relación entre lo político y lo sagrado, propone que lo sagrado se puede usar como estrategia en diferentes aspectos, entre ellos, su uso para limitar y oponerse al poder. Creo que los venda usaban la música con este mismo propósito, como estrategia política para resistir al invasor. En latinoamérica, se dan también situaciones como esta, como por ejemplo la mencionada por Martin (1986) en el caso del vudú y candomblé, que juntan la música y la religión para expresar y legitimar la resistencia política por parte de grupos dominados.
A fin de cuentas, a Blacking lo que le interesa es ver el origen de la música a través de una visión psicológica y sociocultural, ya que estas son las correlaciones de actitudes y patrones de los sonidos que se expresan. No hay significados absolutos, ni siquiera dentro de la música occidental, siempre depende del contexto y de las convenciones de la época. Una obra se puede reinterpretar de distintas formas, las experiencias configuran nuestra interpretación, por lo que el mejor interpretador no depende del mejor ejecutor musical. Si la música se analiza de forma de patrones musicales, se omite el factor social que puede ser el único proceso de aprendizaje.
Así, el autor afirma que los hábitos de funcionamiento de la mente humana son: “… una síntesis de sistemas de operación dados, universales, y patrones culturales, adquiridos, de expresión. Puesto que tales patrones se adquieren siempre a través de –y en el contexto de– relaciones sociales y las emociones que se les asocian, el factor formador del estilo decisivo en cualquier intento de expresar sentimientos a través de la música ha de ser si contenido social. Si queremos descubrir los principios básicos de organización que afectan la forma de los patrones musicales, debemos mirar más allá de la convenciones culturales de determinado siglo o determinada sociedad, para buscarlos en las situaciones sociales en las cuales se aplican y a las cuales se refieren” (Blacking, 2006, pp. 125 y 126).
Un análisis debe comenzar con el papel de la música en la sociedad y la cultura y así se podrá admirar cómo los patrones culturales y la sociedad surgen en forma de sonido humanamente organizado: “Los análisis de música son esencialmente descripciones de secuencias de distintos tipos de acto creativo: deberían explicar los acontecimientos sociales, culturales, psicológicos y musicales en la vida de grupos e individuos que conducen a la producción de sonido organizado. A un nivel superficial, la creatividad se expresa en música principalmente a través de la composición y la ejecución, en la organización de nuevas relaciones entre sonidos o bien en nuevas formas de producirlos. El interés por el sonido como fin en sí mismo o por los medios sociales para consecución de dicho fin son dos aspectos inseparables, y ambos parecen estar presentes en muchas sociedades” (Blacking, 2006, p. 155).
A finales del libro el autor, haciendo una síntesis, dice: “Aprendiendo más sobre la complejidad automática del cuerpo humano, seremos capaces de probar de forma concluyente que todos los hombres nacen con intelectos potencialmente brillantes, o al menos con un nivel muy elevado de competencia cognitiva, y que la fuente de la creatividad cultural es la conciencia que surge de la cooperación social y la interacción amorosa. Al descubrir con precisión cómo se crea y aprecia la música en diferentes contextos sociales y culturales, y al establecer quizá que la musicalidad es una característica universal, específica de la especie, podremos mostrar que los seres humanos son más extraordinarios, incluso, de lo que actualmente creemos -y no sólo unos pocos, sino todos-, y que la mayoría de nosotros vive muy por debajo de su potencial debido a la naturaleza opresiva de buena parte de la sociedad” (Blacking, 2006, p. 175).
Al reflexionar lo que dice Blacking, no pude evitar pensar en lo importante que es el contexto para entender cierto estilo de música, lo que me hizo pensar en la propuesta de Adorno sobre la diferencia entre la música «popular» y la música «seria». Para él, la música seria sería la única válida y genuina, mientras que a la música popular la aborrecía públicamente, considerando aquí la música jazz, diciendo que sólo era una mera forma de mostrar el capitalismo, no le importaba mostrar los sentimientos, sino sólo vender y ser escuchados por las masas.
Coincidiendo con Blacking, se puede contra argumentar la teoría de Adorno, pues esta ya sesga la posibilidad de ver el significado de la música popular al calificarla de las «culturas de masas». Sin embargo, muchas personas que están en contra de esa teoría, incluyéndome, solemos hacer lo mismo que dice Adorno. O sea, ponemos paredes en estilos musicales que nos parecen inaceptables, comerciales y hasta estúpidos. No se puede negar que se ha hecho, en mi caso inmediatamente pensé en el reggaeton. Seré honesta, a parte de su función para bailar (que es impuesta, pues es casi lo único que ponen cuando uno sale a bailar), no le encuentro ni una otra gracia. Es sexista y repetitiva. Así que, al leer a Blacking, me propuse averiguar un poco de su contexto cultural, para, por lo menos, una opinión más informada.
El reggaeton proviene de reggae, música jamaiquina que es utilizada para extender la religión rastafari (una combinación de las canciones religiosas y la música popular de la isla). Creo que esto es tremendamente importante, porque pone en evidencia primero el origen africano, esclavizado y movido de sus tierras que llegan junto a la colonia, lo que le da un carácter mestizo, de influencia principalmente africana. Por otro lado, la influencia de la religión rastafari, que es más que vivir en armonía con la naturaleza, pues ellos se guían por la biblia. Sin embargo, desde el rastafari – tremendamente machista desde cierta perspectiva– no se toma en cuenta la opinión de la mujer y esta es vista solamente por su carácter reproductivo. Por lo que el lado sexista del reggaeton podría venir por esta rama. Después la música Jamaiquina llega a latinoamérica, se dice, por Panamá. Ésta traducida y adoptada y llegado a Puerto Rico habría sido mezclado con el rap estadounidense, que se encontraba presente, porque, hasta hoy, Puerto Rico es prácticamente una colonia de este país. El rap proviene de los sectores bajos de Estados Unidos, donde se concentra gran cantidad de personas con origen africano. Por lo tanto, se considera la música marginal de los Estados Unidos que expresa el descontento social y es considerada «música negra».
Entonces, así el reggaeton se creó en los barrios bajos de Puerto Rico como forma de expresión de un sincretismo histórico mestizo y mulato que terminó siendo el tipo de música más representativo de todo latinoamérica a los ojos del mundo. Así, llegó a tener representantes en todos los países de la zona y se hizo bastante conocido en el mercado internacional. La mayoría de los cantantes son hombres y sus letras sexuales son provenientes de la influencia del reggae. La influencia del rap se ve, no sólo en la forma de cantar, sino también en la combinación de palabras entre inglés y español, haciendo bastante popular el espanglish.
Viendo este contexto se puede entender bastante mejor el reggaeton, es decir, nunca he estado en Puerto Rico, pero el reggaeton se ha convertido en su principal representante, lo que me lleva pensar el prejuicio que siempre llevamos las personas que creemos saber de música que, a veces, nos cierra la puerta a nuevos puntos de vista. Tampoco puedo decir que me gusta el reggaeton, porque mentiría [jhahjajha al final ese es el asunto, por más que intente escucharlo], pero creo, que lo más importante de conocer las teorías sociales de la música, sobre todo la de Blacking, es que podemos abrirnos a ver un poco más allá y, aunque no adoptemos estos estilos musicales como propios, nos permitirá aceptar mejor a las personas que si los adoptan.
Conclusión
Blacking nos propone, como muchos otros científicos sociales, que para poder tener una investigación completa y satisfactoria sobre la música en una sociedad, hay que estudiar el contexto completo para establecer buenos resultados. Lo que agrega a esto, es que al especificarse en el estudio de la música, propone que todo ser humano tiene el potencial de ser músico, siempre y cuando este se pueda desarrollar. O sea, la música está biológicamente en todos los seres humanos, ya que toda sociedad tiene música. Además enfatiza que toda la música es humanamente organizada, porque siempre hay un “acuerdo” en la sociedad para especificar lo que es música y lo que no. Entonces, con esas teorías responde la pregunta del libro. Todos los humanos somos músicos, pero la sociedad es quien debe desarrollar está musicalidad innata.
La propuesta de Blacking me parece bastante pertinente para los científicos sociales que se quieran dedicar al área de la música tengan una noción de lo importante que está puede llegar a ser en la sociedad. Estoy completamente de acuerdo con él cuando dice que la música está en todas las sociedades y que se puede ver en cada persona. Todas las sociedad pueden percibir la música y describirla según su cultura y crianza. Por eso, cuando uno trabaja con esto debe estar abierto a una investigación amplia de la música para comprender a las otras sociedad. Se debe ver más allá de los tecnicismos que nos da nuestra sociedad y conocer como se ha creado la música en todos los aspectos de la humanidad.
Bibliografía
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Balandier, G. (2004). “Antropología política”. Argentina: Ediciones del sol S.R.L. (Original en francés, 1967).
Blacking, J. (2006). ¿Hay música en el hombre? Madrid: Alianza Editorial, S.A. Original 1976.
Carballo, P. (2007, 30 de julio). “Reggaeton e identidad masculina”. Recuperado el 26 de junio del 2011 de http://www.ciicla.ucr.ac.cr/revista_intercambio/003_004/005.pdf
Garcia, M. (2010). “Reggae”. Recuperado el 26 de junio del 2011 de http://www.xtec.cat/~jbiayna/jjcc/arxiu/treballs00/40.pdf
Martin, G. (1986). “Magia, religión y poder: Los cultos afroamericanos”. Recuperado el 26 de junio del 2011 de http://www.nuso.org/revista.php?n=82
Creo que para esos tiempos, no estaba tan mal escrito este ensayo [por eso no comenté tanto]. De hecho me saqué un 6,5 (de 7). Lo cual me sorprendió bastante, porque los profes siempre han criticado mi pésima redacción. Podría actualizarlo, agregando el trap como una rama de reggaeton y probablemente encontraría más autores y más significados, pero me da una paaaajaaaaaa. La verdad, es que estoy media chata con la academia. Después del Magíster, quedé apestada: encontraba a la academia elitista, demasiado teórica y que le importaba mucho más lo que pensaba en “otro académico” a hacer un verdadero cambio. Por eso no seguí ahí y estoy en cesantía permanente por hacer un Magíster teórico y no práctico ¬_¬ [entré pensando en un futuro hacer un Doctorado de etnomusicología, porque es un tema que me encanta, pero las investigaciones terminan siendo leídas solo por un grupo pequeño personas que ya no quiero na… así que van a tener que acostumbrarse a que me queje constantemente por esta situación XD].
Ya, me despido. No sé si pronto podré subir algo o tal vez recicle otro trabajo…
